música de Clara Serrano

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martes, 27 de mayo de 2014

EUROPA, EL MUNDO, NOSOTROS

Qué pena de Europa o del  mundo, o más bien  de todos los que pisamos este bendito planeta que se llama Tierra.
Coincido con Manuel Rivas en su artículo de el País del 24 de mayo de 2014 en que las palabras han adoptado nuevo cuño, que ya no son lo que significaban, vamos, que lo que era radical, extrema derecha y perseguible legalmente ahora se llama euroescepticismo y puede formar partido, entrar por la puerta grande de unas elecciones en democracia y encima ganar posiciones de manera alarmante.

Una vez más miramos hacia otro lado, como cuando las jovenes brigadas hitlerianas empezaron rompíendo los escaparates de los comercios judios y acabaron dejándolos morir de inanición en las calles de una Polonia que agonizaba mientras por las calles paseaba gente hablando y en la Europa refinada y políticamente correcta aún no se había tachado públicamente a Hitler de asesino.

Los inmigrantes ahora son los judíos de entonces, y se les señalará culpándolos de los problemas que una panda de menestorosos ha ido creando después de lustros de minar el estado del bienestar que tanto costó conseguir, para perseguir una vez más sus desmedidas ambiciones  de poder. 
La segunda guerra mundial dejó tan devastada Europa  que los dirigentes del mundo se cuestionaron el hacer algo positivo, quizás no por ella, sino por el propio bien de todos, incluídos ellos. El barco se hundía y moriríamos todos, sin flotadores para nadie.

El Estado del Bienestar se planteó como una cura, una sanación de una economía en ruinas, una sociedad enferma, dividida, paupérrima, un pueblo desmoralizado, un futuro sin horizontes.
El Estado del Bienestar ayudó al reequilibrio económico y  redujo las injusticias sociales. Vino haciéndolo desde entonces hasta la era tacherista, en la que los dueños del mundo una vez más decidieron su destino,  ya se habían repartido suficientes migajas y era hora de volver a apretar el cuello con el fin de que sus arcas volvieran a llenarse hasta niveles desconocidos.
La crisis brutal que venimos padeciendo no sólo en España sino en todo el mundo occidental (el resto ya está en ella de forma permanente) es una buena prueba de ello.
Hasta dónde se puede seguir estrujando a unas sociedades que viven cada vez de forma más precaria, bajo mínimos y sin esperanzas de mejora, siquiera de sobrevivir.

Los ataques continuos de desprestigio desde los 80 al entorno sindical que desde los 50 había ido ganando terreno para los trabajadores  y a los grupos políticos que defendían la redistribución de la riqueza de forma más igualitaria  haciéndoles culpables a todos ellos de la reducción de competitividad de las empresas en un mercado cada vez más globalizado fue el disparo de salida en la carrera hacia esta situación de inseguridad general en el que nos hallamos ahora. Los menesterosos del mundo estaban perdiendo tajada y su ambición no conocía límites y sigue sin conocerlos.

La política de culpabilizar a un grupo o sector de la sociedad viene de antiguo, es la mejor manera de, primero, sembrar la duda en la cabeza de los más frágiles, los que no tienen tiempo para pensar o directamente no quieren hacerlo; segundo, de fraguar odios y sobre todo, miedos y como fin último, de dividir a la sociedad, de hacerla aún más vulnerable precisamente por estar dividida. 

Han sido los negros, los judios, los inmigrantes y tantos y tantos los que seguirán constituyendo la cabeza de turco sobre la que hacer diana. Siempre se intentará buscar un grupo que por su condición de destacar en algún sentido  pueda convertirse en blanco perfecto.

Tenemos que ser capaces de que no se repita la historia, aunque decir eso es anular el mismo concepto de la misma, un sinfín de bucles en los que reaparecen las mismas variables de forma ligeramente distinta.  Hay un maravilloso libro que yo siempre recomiendo y es SEFARAD de Antonio Muñoz Molina, que viene a ejemplificar esto.

Aún así, el hombre tiene a su favor el ser capaz de evolucionar hacia el crecimiento, hacia la superación. De no ser así, no habríamos salido de la esclavitud, aunque ahora exista un más que ligero acercamiento a ella.

Debemos ser capaces de escribir la Historia desde la empatía, la solidaridad y la justicia, y aunque la idea hobbiana de que el hombre es un lobo para el hombre sea una realidad constatable y cierta también, hay más gente proclive a la paz que al enfrentamiento, más al amor que al odio, más a la razón que al desvarío, más a la ayuda que al egoísmo, sólo hay que encontrarse y unisrse. No podemos dejar que una panda de cuatro desalmados que están en la cumbre de la pirámide social  nos robe el alma y la cartera.

Recordémoslo, si están en la cumbre de la pirámide es porque son pocos y si la base de la pirámide, que somos todos los demás, se mueve, se tambalearán y caerán. 

Autora: Clara Serrano

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