música de Clara Serrano

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sábado, 19 de julio de 2014

AMENAZABA TORMENTA

Amenazaba tormenta y mientras que el aire resoplaba enfadado por la ranura de la ventana, una sensación de intranquilidad se adueñaba de ella. La tarde se le antojó fría y desairada y esa misma sensación empezaba ahora a adueñarse de ella. 

No reconocía aún aquel sentimiento de distancia que le había invadido aunque demasiadas veces lo había soportado ya en su vida.
Pero esta vez dolía algo más, quizás fuera que se sentía desconcertada, sin entender una vez más la inflexibilidad que con los pensamientos manifestaban demasiadas personas a su alrededor. Había muchas de ellas   cercanas que manifestaban un sentir viejuno  en su vida, demasiados cerebros y corazones anquilosándose que se negaban a vivir y sentir con frescura...

Pero ahora ya había aprendido y no rumiaba el porqué de las actitudes de los demás ni las cuestionaba ni las sometía a pruebas, las observaba, valoraba y pasaba página. Eran demasiadas veces las que observaba reacciones de "comodidad" y "prudencia". Ella prefería calificarlo de envejecimiento mental y sentimental. Pero  aunque lo aceptaba sin intentar desmontarlo, esta vez le pesaba más que en otras ocasiones.

Le había dejado hablar al teléfono sin preguntar, ni hacer observaciones ni criticar su proceder , pero aunque sin decirlo y posiblemente sin darse cuenta de que lo hacía, él  le había estado pidiendo que le esperara, que le convenciera de que tenía que estar con ella. 
Su forma de excusarse y de aplazar decisiones con un "ya se verá" eran una forma de decir, "hago esto porque no sé todavía cómo hacer lo contrario, pero si tú me convencieras..."
Ella no había movido ni un dedo para hacerlo. No había sido ni orgullo ni premeditación ni soberbia, había sido una certeza de que de haberlo hecho, no habría obtenido respuesta. Debía ser él el que decidiera cambiar  su discurso mental, no ella.

Sintió más el frío de  fuera y el de dentro, su corazón  se congelaba y se arropó con una chaqueta de punto que colgaba del brazo de su silla, se abrazó para darse calor y recordó de repente  cómo se durmieron abrazados la última vez que estuvieron juntos. Le dio un puntazo de dolor en el pecho y se levantó de inmediato de la silla sacudiéndose el frío y la añoranza. 
 
Decidió salir a dar una vuelta y  arrancarse con aquel aire destemplado los últimos hilvanes de amor, pasión y nostalgía que querían permanecer aferrados en su recuerdo.

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