música de Clara Serrano

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martes, 5 de agosto de 2014

La noche le sedujo una vez más y echó a andar por la calle desierta, apenas se oían ruidos,  el único que rompía la tranquilidad era el camión de la basura que a lo lejos lavaba la cara más impía e indigna de la urbe. Pero incluso en aquel agosto desierto, se agradecía el pálpito de algo de vida en aquella ciudad que parecía abandonada.
Cruzando calles sin necesidad de mirar y evitando  charcos, baches y aceras desconchadas continuó andando sin rumbo fijo mientras de vez en cuando, algún gato se le cruzaba receloso de ver presencia humana tan a deshoras

Habian discutido, había sido una estupidez, remover recuerdos del pasado no había sido muy buena idea. Habían salido las anécdotas bonitas, pero también los posos amargos de una relación que había naufragado a base de descuidos, de olvidos y conformismos...

Chasqueó la lengua y pensó aún más en ella, en su cara al despertarse, nunca se pintaba y eso la hacía aún más hermosa, adoraba las mujeres sencillas, sin enmasacararse detrás de maquillajes y sortilegios  de ropa o bisutería.
Le gustaba que lo abrazara después de hacer el amor y paseara sus dedos por su espalda mientras él se quedaba casi a las puertas del sueño. Le gustaba cómo se levantaba desnuda de la cama y medio corría al baño de puntillas, como en un acto de pudor innecesario, cómo se recogía el pelo y le caía algún mechón de cabello por la cara o cómo posaba su mirada en la suya al tumbarse sobre él.
Adoraba a esa mujer, él lo sabía aunque tantas veces se lo hubiera escondido o negado a si mismo y a ella, y no sabía porqué había vuelto a hacerla daño. Acababa de irse y ya la echaba de menos.

Era su maldita naturaleza contradictoria la que le ponía siempre en la picota y siempre con lo que más deseaba, o más quería o más perseguía. Cuando todo parecía ir sobre ruedas, al final, él se reviraba y cambiaba de opinión, como para llevarse la contraria a si mismo...¡manda cojones¡, exclamó en voz demasiado alta para el moemento y se odió una vez más..

La había visto marcharse de su casa, con tranquilidad pero con el orgullo herido, sabiendo que en esos momentos, lo detestaba. Sabía que ella tenía razón pero también a él le dolía que ella viera tan claro que nunca serían nada más que amigos, amantes..Ella lo conocía, sabía de su naturaleza y se había expuesto a ella demasiadas veces. Esta vez ella sabía que no pasaría por lo mismo y había sido clara y contundente, y él, en cambio, había reclamado su porción de apoderamiento, de posesión, de privacidad. Sin caer en la cuenta de que de ser atendido en el deseo, cambiaría una vez más de opinión y la dejaría tirada. Ahora ella lo conocía y simplemente, se vistió con tranquilidad, le besó en la mejilla y se fue, sin exabruptos ni portazos.

No se había dado cuenta de por donde iba y acabó topándose con  un after, entró sin problema aunque el portero le miró con recelo, pero en el último instante, una morena de minifalda y tacones de vértigo se le colgó del brazo y con ojos de embeleso le miró primero a él y después al portero y lanzándole un beso le espetó, "anda, monada, déjanos pasar...no has visto que va conmigo?" .
Las copas,   besos y arrumacos se fueron enlazando unos con otros.
 El camino a la inversa hasta su casa tampoco supo nunca cómo se había hecho. 
El atardecer del día siguiente lo devolvió a la realidad con una migraña espantosa, las sábanas manchadas de carmín y la cartera desparramada por el suelo del salón junto a sus pantalones.
Se maldijo mientras oía el zumbido del móvil,  gracias a Dios  había escapado al botín al quedarse olvidado después de la pelea entre los almohadones del sofá.
Pensó que sería ella dándole una oportunidad otra vez y se fue a cogerlo tan rápido como su aturdimiento le dejaba y casi partiéndose la espinilla con el cristal de la mesa del salón, logró encontrarlo antes de que se cortara la llamada....suspiró aliviado, pero en la pantalla leyó "despacho". 
Cayó en la cuenta de que era lunes y su furia por descubrir que ella no era quien lo reclamaba y todo lo acontecido el día antes casi le hace lanzar el móvil de 800 € contra la pared. Se reprimió a tiempo pensando que era lo único que podía  conectarle con ella. 

Se fue a la cocina, encendió un cigarrillo que guardaba de reserva en un mueble- hasta el tabaco se había llevado.. -y pasó lo que quedaba de tarde esperando que sonara de nuevo. Su puñetero orgullo, muy superior al de ella le impediría mover un dedo para arreglar la situación,pero quizás ella se hubiera cansado ya de hacerlo

Autora: Clara Serrano

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