música de Clara Serrano

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domingo, 12 de octubre de 2014

UN ADIÓS CONTINUO


Con el paso de los años a la conclusión que llego es que te pasas la vida despidiéndote, de los lugares que te acogieron, de las cosas que significaron algo para ti, de las personas que quisiste o te quisieron y de las que no también. 
La vida es un permanente adiós.
La mayoría de esos recuerdos quedan en tu memoria, y otros se convierten en un agujero extraño que se funde con la negra y absoluta noche del universo y de los cuales no quedará nada.
Incluso muchos recuerdos a los que puse versos llenos de intensa emoción en la idea de perpetuarlos también se diluyen porque la memoria es sabia y se queda casi siempre con lo bueno. Las neuronas se cortocircuitan con aquello o aquellos que te hicieron daño de forma repetida, sin darte descanso a digerir lo bueno que te aportaron. 

Siempre he buscado con las palabras ponerle nombre y apellidos a mis sentimientos, pero incluso en ese acto de fijar en mi memoria  la historia de mi vida, encuentro que cuanto más derrocho este recurso sobre alguien o algo, más se niega mi cerebro a conservar ese recuerdo. Al final, descubro que es un ejercicio en el que se desintegra el sentimiento, es un vómito de versos y música al que mi corazón recurre para acabar desterrando algo que resultó infructífero, insano, descorazonador o que produjo desgaste, desaliento o desconcierto.

Así, ese sinfín de palabras o canciones sobre algo o alguien trituran las emociones hasta hacerlas polvo, un polvo  que se esparce en el tiempo sin dejar huella ni rastro ni en mi corazón ni en mi cerebro.

Ni siquiera releeré  aquello que afanosamente y con apasionamiento un día escribí, ni escucharé aquello que sé que embargada de emoción alguna vez canté. 
Se convierten en páginas y partituras en blanco cuando mi corazón  percibe por fin que solo cuando lo  visitó la primavera merece la pena un recuerdo ser conservado.

Clara Serrano



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