música de Clara Serrano

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domingo, 14 de diciembre de 2014

ALGO MÁS QUE DESEO



Entraron en la habitación sin decir palabra alguna, pero el deseo era una verborrea que se mascaba en el aire que llevaban respirando desde que se sentaron a comer. Los dos solo tenían hambre de otro tipo. 

Ella le acarició la pierna hasta hacerle insoportable la presión del pantalón, si no hubiera sido por aquel camarero que a hurtadillas los miraba se habrían devorado en aquella rinconera de aquel fino restaurante donde habían entrado. Apuraron el tiempo sin probar casi bocado, sobre todo él, que la miraba con un brillo especial en los ojos mientras ella hablaba y masticaba sin ganas  disimulando su deseo.

La habitación resultaba fría en exceso pero ella se sentó en el borde de la cama intentando aparentar tranquilidad  y le observó mientras dejaba sus cosas sobre la mesita con una fingida calma. Se acercó por fin y se inclinó sobre ella y empezó a besarla y acariciarla. 
Se sentía extrañamente tímida y nerviosa, como si fuera su primera vez, pero sus manos la delataron mientras recorrían sus piernas y le desabrochaba el pantalón.

La fue desnudando lentamente reteniendo a duras penas las  ganas de poseerla por fin  y ella se dejó hacer mientras,  ella sí, ya se había hecho dueña de él. 
Sus manos lo habían dejado al descubierto y su boca hizo el resto.No había probado antes nada igual y se entregó y abusó de ello sin mesura ni recato. 
Él se mordía el labio y susurraba cosas que ella no oía ya, solo dedicada a hacer que él llegara hasta un punto insoportable de placer mientras notaba el crecer acelerado de su deseo.

Sin casi contenerse le cogió las piernas y  colocó sus pies en sus hombros mientras la empujaba hacia el interior de la cama y con los ojos inyectados de deseo, se dedicó a ella hundiendo su cara entre sus piernas  mientras ella, ronca la voz por la excitación, le acariciaba el pelo, se mordía la mano, acariciaba con urgencia su pecho y le chupaba los dedos de la mano que buscaban ávidos el suyo para acariciarlo con una mezcla de suavidad y fiereza.

Su respiración se agitó y lo atrajo hacia sí, no podía más, quería tenerlo dentro,  él se echó encima con calma felina  y  se hundió  en ella hasta el fondo,  lentamente pero de manera tan intensa que la hizo casi sollozar de placer y empezó un vaivén infinito sobre su cuerpo mientras se comían la boca y el cuello.  
Los labios y la lengua dibujaron mil y una caricias en aquellos cuerpos unidos por algo más que deseo. 

GB/GN

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