música de Clara Serrano

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martes, 30 de junio de 2015

TRAS LA ESPUMA



Tras la espuma de la ola desaparezco,
me acomodo en el fondo y el agua cristalina hace de lupa de aumento y le veo pasar,
no es su mirar lo que sigo sino su andadura.
Su mirar engaña, su paso lo delata.

Me intento zafar de su abrazo sin éxito
y caigo de nuevo en la corriente que desata.
Realmente no es nadie y lo que me da es nada
pero mantengo mi mano prendida a su garra.

Debo desaparecer antes de que sea tarde,
quizás las olas puedan ayudarme,
la costa sinuosa será mi refugio
quizás las algas podrán taparme
y aliado mío para alejarlo haré al viento.


Clara Serrano

miércoles, 24 de junio de 2015

AL LLEGAR EL ALBA



Cierra los ojos y todo vuelve a cobrar forma,
el olor,el sabor y el tacto llegan a su mente en forma corpórea.
No queda rastro de la ausencia y sin embargo, un ramalazo de viento de levante enfría el recuerdo.
Se deja llevar por el ruido de las olas y un baño nocturno purificador aleja cualquier sentimiento y pone el alma en calma.
 La algarabía de una loca y afiebrada noche de San Juan le aligera el pensamiento y le hace sopesar si acaso no somos nada más que un fuego fatuo que al igual que la nit del foc,  prende rauda pero se acaba al llegar el alba.

Clara Serrano

martes, 9 de junio de 2015

FALSAS Y FÚTILES ILUSIONES




El sol, estrella de la mañana que intenta paliar la falta de luz, sin saber que volverán a cernirse las sombras cuando la órbita de rotación le depare otras latitudes.

En otras latitudes habita ahora lo que queda de mí, lo que compone el resto del alma que acompaña a un cuerpo fatigado , ajena al luto que mentalmente ya guardo por ella.

Prefiero si acaso la noche, que disfraza mi rostro y vela las huellas de pasado y presente, escondiendo la punzada de dolor que asoma a mis pupilas y sosegando en su silencio a este corazón, cansado de fútiles y falsas ilusiones.

Clara Serrano

domingo, 7 de junio de 2015

¿SE ACABÓ EL AMOR?



¿Se acabó el amor?, quizás nadie se lo advirtió, pero el tiempo no perdona y siempre, sin excepción, pasa factura.

Quizás la desidia, o la falta de valentía o la de necesario interés jugó la partida y ganó, o quizàs el revoloteo de la primavera, que busca ardua un lugar donde florecer o como el ave que deseosa, sigue con su busca en el ansia de hacer su nido.

Quiso volverlo a sentir, y aunque quedaba rastro de la ilusión que antaño movieran sus pasos no había continuidad y por eso aquellos besos y abrazos sabían a poco.

Las caricias parecían haberlo avivado, pero se consumían demasiado rápido y su rastro dejaba un pequeño escozor, un pequeño deseo de amor,  que acaba sabiendo a fallido, a perdido, a pasado, por no mantenerlo en el tiempo y por no tener la base necesaria para mantenerse, porque el amor cambió de forma y dirección, como las nubes, que caprichosas hacen formas en el cielo y al punto se diluyen o evolucionan o se evaporan y de nuevo, en otro lugar, se vuelven a formar.

Los deseos quizás ya solo fueron de cuerpo, quizás el alma ya no contaba, siquiera un  pequeño sabor a sentimientos que pronto se difuminaba. Y esto, que al final era el motor que movía todo, al desaparecer o fluctuar, acabó con lo primero.

El deseo sin amor siempre es un huérfano que pide pan y techo y se transmuta en algo informe, desvirtuado, que pierde la capacidad de llegar certero a la diana de aquel que lo pretende. Parafraseando a Pedro Fabelo y Schopenhauer, " quien no ama está muerto " y   el deseo que no tiene amor de por medio, también.

Quizás nunca y ninguno sabría el valor del amor que tenía para ofrecerle. Pero lo que sí estaba claro era que el deseo se quedaría por el camino.

Y aquella huella del pasado se plegaría sin remedio, reduciéndose hasta desaparecer, como esos pequeños cúmulo-nimbos que se deshacen con un jirón de viento en un soleado día de mayo.

Clara Serrano

UN PEDAZO DE CIELO



Empotrada en el recuerdo de tus manos,
excavando en mi memoria un roce de ellas,
una caricia lenta y agónica que me lleve al edén.

Tu mirada fija en mi pecho que tiembla
como paloma sofocada en acelerado vuelo.

Mi vientre palpitante mientras te acercas,
paralizando el tiempo  y el aire.

Y en tus manos resucita un pedazo de cielo.

Clara Serrano