música de Clara Serrano

Loading...

viernes, 8 de noviembre de 2013

Te pones triste recordando el pasado, quizás el futuro te sorprenda reconciliando sentimientos, a veces, las historias son de ida y vuelta, y en ese regreso, ponen en paz el corazón y la cabeza.

Te cuento algo que me pasó a mí, conocí a un chico con 16 años que me amaba más que con locura, él era mayor y supongo que me veía como algo delicado que había que cuidar.
Él era artista, así que  modeló mi pecho en un llavero de latón y lo reflejó de forma tan exacta que me conmovió su veneración, pues no frecuéntabamos momentos de tanta intimidad como para que conociera mi fisonomía tan al detalle.

Pero yo había elegido seguir estudios universitarios y pensé que no podía continuar con aquella relación  pues nuestros caminos se separaban irremediablemente. Se lo dije y acabé con él con un discurso pragmático, rallano en la frialdad absoluta. Lo despedí con razonamientos muy lejanos a lo que podía entender una persona que sólo veía amor y dedicación por mí. Lo destruí. Cayó en una depresión y una añoranza tan extrema que hasta su madre que nunca había visto con buenos ojos el estar juntos, me llamó y suplicó que volviera con él. Nunca olvidaré el distanciamiento que mi corazón sintió hacia aquella palabras y emociones que me estaban contando. 

Lo pagué caro, el destino me estaba esperando a la vuelta de la esquina y me enamoré perdidamente de ..un artista, y encima consagrado, no en ciernes como el otro al que desestimé, amante de su profesión hasta el punto de ser lo único que perseguiría con verdadero ahínco toda la vida. También él me amaba, pero yo siempre daba más y nunca pesó por igual en la balanza nuestro amor y la música a la que él se dedicaba.

Pero eso no fue todo, mi cabeza comprendió enseguida la jugarreta que me había deparado el destino y caí en la cuenta de lo paradójico de la situación, había dejado a un artista porque yo iba a tener una vida como economista, muy alejada de los intereses y derroteros que podía depararme la relación con él y había acabado con otro artista que me arrastraba a la misma vida que él con un total consentimiento y deseo por mi parte...Así que, mi corazón necesitó con urgencia y sin un momento de abandono u olvido  poder pedir perdón a aquella otra persona a la que había hecho sufrir tanto. Pero, había desaparecido, no había rastro de él en el teléfono que yo tenía..Aún así en los primeros tiempos de internet, lo busqué por apellido, por profesión...Nada, la búsqueda resultaba siempre infructuosa.

Yo lo llamaba mentalmente con constancia y resolución y al cabo de trece años, un día, sonó el teléfono, al cogerlo y oír su voz preguntando por mí, salté, literalmente, en el sofa de pura alegría y casi grité su nombre. Lo inmediato que le dije fue, "Antes de nada, déjame que te pida perdón, llevo trece años queriendo y necesitando hacerlo". Él se sorprendió, por mi alegría y por mis palabras y quedamos en vernos. Volvió a ofrecerme su vida y su amor, volvió a hacerme sentir como si fuera la única mujer sobre la Tierra y yo..., yo volví a negarle porque mi corazón se había quedado atascado en un callejón sin salida del otro amor al que yo había entregado la mía. Después de aquel día volvió a desaparecer y nunca más he sabido y sabré quizás de él, pero mi corazón se ha reconciliado consigo mismo y he podido sanar la herida que causé. 

Por eso ahora, te digo, tu dolor por aquel rechazo que te dejó sin entender nada puede tener su vuelta esperándote en algún instante futuro. Y si no lo hace, quizás se deba a la poca fortaleza de ella o a tu falta de confianza. En mi caso, yo estaba en el otro lado y no puedo decirte qué habría hecho de estar en tu lugar. 

Autora: Clara Serrano 

jueves, 7 de noviembre de 2013

Lo echa de menos y no sabe porqué, no lo conoce apenas, no se ha podido casi acercar a él y él tampoco lo ha  hecho hacia ella, pero lo echa  de menos. Echa  de menos lo que hablan y lo que no,  porque lo  intuyen, y también echa  de menos lo que les queda  por decir, lo que hacen y lo que áun queda por hacer, lo que sueña cuando le imagina y lo que queda por soñar.
Echa  de menos el saber que esttá  ahí, al otro lado de ceros y unos, sonriéndola o enfadándose mientras  se leen o se escriben. Y echa de menos el sonido de su voz al teléfono y la forma de llamarla nena mientras se deshace  en un estertor de amor y placer.

El otoño inunda las calles y su  corazón se deshoja también en esta impaciencia de saber si volverá la tan anhelada primavera que sus palabras y presencia le traen. Siente su pecho como apretado, con  un ahogo adolescente que le impide sentirse viva. La consume el amor ...qué ridículo, como si lo amase...., pero lo anhela, de una manera extraña...como si presintiera que sólo puedes ser él lo que desde hace tiempo esperaba.

Y aunque se siente bloqueda con su ausencia, que aprieta el alma hasta acongojarla, presiente con una fuerza sobrenatural que él sigue  ahí, acechante, esperando un cursor que parpadea con la palabra escribiendo, como si de un potente luminoso se tratase. 
Y ella también lo espera y su mente lo llama a gritos,  provocándole con sus ondas cargadas de energía que le hacen acariciar el teclado de su teléfono pensando en qué decirle o con qué excusa llamarla de nuevo. 
Y ella, espera y desea que él abandone  su empecinamiento y rompa  el silencio que está devorando el tiempo que les pertenece, porque ahora es ÉL el que debe dar el paso, el que puede abrir la puerta a un futuro que ambos estan esperando.

Autora: Clara Serrano 

martes, 10 de septiembre de 2013

Incluso cuando andas por casa luces ropita de todo a 1000, destilas suaves perfumes de los que huelen sin dejarse notar, de frasco pequeño y precio abundante y cuando sales, te sostienes sobre tacones de vértigo que perfilan aún más tus piernas de gimnasio, luciendo bolso o marca de bolso, pues no sé si se ve más la firma o el soporte de la misma. 

Pero aún así y por mucho que te esfuerces en disfrazar tu apariencia, toda tú denotas la fragilidad de los heridos, de los inseguros, de los amenazados, de los desposeídos, de los olvidados. Llevas a rastras tu infancia desconchada, famélica de  hambre de amor y comida y el rictus de tu boca denuncia la falta de besos y alimento para el alma y el cuerpo.

Versada en manuales de superación y de estrategia, entresacas el hilo conductor que te sirva de guía en tu vida y te parece que lo vas consiguiendo. 
Te has rodeado de urbanizaciones de menesterosos y todo a tu alrededor despide ese olorcillo a vencedores y  opulencia. Aquellos que exhiben su estatus con coches, marcas, casas y parejas relucientes por belleza o por cartera. 
Ofreces el perfil del que se abre camino en la vida a mordiscos, sin piedad, luchador afanado en salir de su mísera existencia ninguneada.Tu carrera ha sido meditada en amargas horas de sufrimiento y has conseguido hacerte un hueco y lo defiendes con uñas y dientes.

Ya hacía tiempo que habías retirado de tu vida mi presencia, no estaba entre tus logros de nuevo cuño sino entre los recuerdos de tu experiencia más ingrata y así, debías apartarme sin sutilezas. El tufillo de tiempos preteritos podía  contaminar la existencia celeste que te rodeaba.
Hace poco me habías dicho:  " me saturo enseguida de la gente y tengo que dejar de verla un tiempo"...Claro,nena, como buena depredadora debes buscarte alimento constante y de sabor diferente, saciar tu apetito pasa por el placer de saber que puedes y debes elegir.

Un depredador no tiene amigos, o al menos del tipo que pueda entrar en competencia con él, tiene aliados que secundan, ayudan o aplauden los planes de quien saben que manda.
Los que entran en su territorio corren el peligro de ser eliminados de variadas formas, aunque la que menos huella visible deja es por supuesto la ocultación de información. Dejar  a oscuras al contricante es la mejor manera de acabar con él de un zarpazo sutil pero definitivo

Por eso te has afanado tanto en poner el escudo de  tu "intimidad" como así la has llamado cuando te he preguntado   porqué no sólo no compartes sino que  ocultas lo que sabes y que a simple vista y en la confianza de la amistad resulta incomprensible no hacer lo contrario. 
Por supuesto, ante la lógica aplastante de que siquiera menciones información falta de interés, no puede uno hacerse a la idea de esperar que le eches una mano a alguien para conseguir algo, sobre todo si ese algo lo atesoras cual alimento entre tus pequeñas garras posesivas y excluyentes.  

La historia de la posesión y el poder viene de antiguo, son dos grandes y, muchas veces, graves motores que mueven el mundo. Tú practicas casi el de las cavernas, el más primitivo, el más visible. Quizás te falten horas de lectura para el adiestramiento sutil en el arte de eliminar al oponente. 

Desde el principio me di cuenta de que no te gustaba que te mencionara a esa persona que de partida era tu amistad y que empezaba a mostrar interés por conocerme, amistad repartida a cada una de una manera, sin interferencias, sin colisiones. Pero tú te empeñabas en preguntarme qué buscaba de ella, y aunque yo no lo tenía claro pues mi caminar es espontáneo en la vida y falto de planificación, cualquier respuesta te hubiera dejado insatisfecha

Sentías que tu territorio empezaba a ser pisoteado por alguien que podía robarte algo que ya era tuyo. Y viendo que empezaba a correr peligro, empezaste tu táctica del silencio y la ocultación. 
Resultaba cuanto menos, curioso, porque parecía que esa persona común a ambas y tan presente en nuestras vidas  sólo existía en la mía. Sentía miedo hasta de mencionarte su nombre, porque las respuestas eran silencios o evasivas. 

Era tan clara tu posición que casi me confundió y la bieninterpreté pensando que eludías el tema por no dañar mis sentimientos al poseer la llave del trato con aquella persona, de la que yo no podía ni aspirar a disfrutar siquiera una mínima parte de lo que lo hacías tú, dada mi situación personal y la que yo esperaba encontrar en ella, más difícil que una simple amistad.
Hasta el último momento en que fui a verte para hablarlo contigo, te presumí una  actitud honesta, pero al final, caí en ello, me lo dijeron tus palabras falsas de alegría y sobre todo tu mirada sombría de perdedora, tu oscura pasión de animal acorralado por la verdad, tu miedo cerval a  perder tu territorio, tu presa, tu trofeo. Sí, tu presa y tu trofeo, porque si uno no es capaz de compartir la amistad es que no es eso lo que ve en las relaciones que frecuenta, sino trofeos y presas que hay que acaparar y disfrutar en intimidad. Saboreando hasta el último aliento sin dejar que ningún competidor aspire siquiera a probar su grato sabor.

Todo eso vi,  tu mezquina actitud pero también tu envaramiento, tu falta de naturalidad, me di cuenta de que aquella amiga que yo creía conocer había desaparecido hacía mucho tiempo; quizás ya cuando dejó de frecuentarme no existía.
Me perdí tu transformación no sé si porque sentías saturación con el trato como me habías mencionado en aquella ocasión o si era por alejar de ti a aquella persona que te recordaba demasiado quién eras, de dónde venías, aquella persona que pertenecía a una vida que deseabas mantener guardada en un profundo cajón para que no contaminara el aire próspero que respirabas ahora.  

En fin, demasiado extenso es ya este epitafio que llevará tu tumba, creo que inmerecido pero necesario para cerrar un recuerdo que supuso una parte de los mejores años de mi adolescencia y juventud.

Tu  nombre me sabe ya ajeno en la boca y en el alma y sólo espero que esa persona que acaparas, vuele alto y lejos de tus garras y encuentre un lugar mejor donde entregar su amistad y cariño, que presumo son bastante más generosos que los tuyos.

Autora: Clara Serrano